martes, 6 de marzo de 2018

20. El valor sacramental de la Iglesia Católica Romana para salvación



20. La doctrina del valor sacramental y salvífico de la Iglesia Católica: 

Como la ICAR afirma haber sido fundada por Jesucristo, dice ser la única Iglesia con verdadera autoridad divina. En su ímpetu por tratar de que todos sigan su doctrina, desde Constantino y Dámaso I se ha definido a sí misma como una iglesia “católica” (lo que quiere decir que tiene injerencia “universal” y la capacidad de intervenir en los gobiernos mundiales y en asuntos humanos y espirituales en todo el mundo).

Se considera a sí misma como “un sacramento” o signo material que afecta a todo el mundo porque Dios se manifiesta a todos los hombres a través de ella (Concilio Vaticano II, Declaración Dogmática Lumen Gentium, nn. 1, 5.). El Concilio Vaticano II estableció: “esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación’ (LG, 14); “La Iglesia es, en este mundo, el sacramento de la salvación, el signo y el instrumento de la comunión con Dios y entre los hombres” (Catecismo #780). Dice ser un “instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. Al considerarse a sí misma un sacramento, dice ser "signo sensible y eficaz de la gracia de Dios mediante la cual se otorga la vida divina; es decir, ofrece al creyente el ser hijos de Dios" , con lo cual se recibe, según ellos, la "promesa y garantía de la protección divina".

El hecho de que el catolicismo enseñe que "los sacramentos son necesarios para la salvación, porque otorgan la gracia sacramental, el perdón de los pecados, la adopción como hijos de Dios, la configuración con Cristo Señor" (Catecismo, #1129), implica que, de acuerdo a la doctrina católica, sólo se puede ser salvo si se pertenece a la Iglesia Católica. El catolicismo enseña: “La afirmación «fuera de la Iglesia [Católica] no hay salvación» [que] significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en ella” (Catecismo #846-848).


Sin importar lo que afirme de sí misma, cuando la Iglesia Católica sólo da testimonio de sí misma como “sacramento” necesario, su testimonio no es verdadero, de acuerdo a lo enseñado por Cristo (Juan 5:31; Lucas 16:15). La iglesia verdadera (el conjunto o cuerpo espiritual de Cristo en el sentido de creyentes) no se puede adjudicar este título porque, en primer lugar, es un conjunto de creyentes salvados. No es bíblico pensar que los salvados son el camino a la salvación; equivaldría a decir que es necesario ser parte de la religión católica para estar bien ante Dios o para participar en la salvación.

La realidad bíblica es que los hombres (ni ninguna religión, institución, denominación o grupo religioso) puede considerarse el camino a Jesús. Jesús es el único camino al cielo. De acuerdo a la Biblia, somos hechos hijos de Dios solamente por el hecho de haber recibido a Jesús y haber creído en Él y en su nombre, solamente por fe (Juan 1:11-13). Para llegar a ser hijos de Dios debemos arrepentirnos de nuestros pecados (confesarlos a Dios y apartarnos de ellos) y recibir el Evangelio de Jesucristo, recibiéndole a Él como el Mesías, el Señor y Salvador. La gracia salvadora que está garantizada al momento de una fe genuina, es la única gracia salvadora a la que la Palabra de Dios nos llama a recibir. Esta gracia es recibida por fe, no por la observancia de rituales ni de membresía o pertenencia a una institución religioso. No hay ningún otro requisito humano aparte del que muestran las Escrituras. La Biblia establece que Jesucristo es el ÚNICO mediador o intermediario entre nosotros y Dios Padre (1 Timoteo 2:5).

La manera de estar más cerca de Dios y en paz con Él no se obtiene meramente por ir a una iglesia ni por hacerse parte de un grupo religioso, sino solamente acercándose a Dios directamente por medio de la oración para que Él se acerque a nosotros (Santiago 4:8). Jesucristo mismo estableció que la única manera de ser salvos y hechos hijos de Dios es siendo guiados por medio de la fe genuina (Gálatas 3:26; Juan 3:18; Romanos 8:14) entrando por la Puerta al Cielo, que es Él mismo (Juan 19:9). NUNCA por medio de los hombres (Juan 10:1-18).

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