martes, 10 de julio de 2018

27. La tradición católica como fundamento de la religión

27. La tradición católica como fundamento de la religión

Aunque ya se practicaba desde la Edad Media, en 1965, como resultado del Segundo Concilio Vaticano, el Papa Pablo VI promulgó la otra Constitución Dogmática sobre la Revelación Divina, titulada "Dei Verbum", donde establecía la doctrina de la llamada “tradición sagrada” de la iglesia, la cual dice que la tradición religiosa tiene el mismo nivel de importancia que la autoridad de la Escritura. La tradición católica (con toda su forma litúrgica, oraciones, y enseñanzas extras de los obispos) es oficialmente considerada al mismo nivel de las Biblia. De este modo, el catolicismo no cree que la Biblia sea la base de la fe; según el documento, la tradición debe ser considerada como fundamento para la interpretación de los textos bíblicos y la determinación de los ritos religiosos. Para sonar convincentes, la iglesia católica afirma que las tradiciones que ellos tienen y enseñan fueron pasadas de generación en generación, comenzando por los apóstoles, pero eso es una gran mentira que cualquiera que lea la Biblia puede darse cuenta. También se jactan de que los llamados “Padres de la Iglesia” (teólogos como Ambrosio de Milán, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, Gregorio, Jerónimo, Crisóstomo, etc.) los cuales afirmaban muchas de sus doctrinas, sin embargo eso cambia de que su fe descanse en hombres, falibles y limitados de entendimiento. Los líderes católicos modernos explican el cambio de posturas diciendo que la fe católica va “mejorando” con el paso del tiempo y afirman que los dogmas católicos han necesitado ser clarificados por los posteriores líderes de la iglesia y decretos católicos porque no eran muy bien entendidos por todos los creyentes antes de que “el papa” los explicara, pero ésto usualmente se realiza a decretos papales o de obispos que siguen contradiciendo las Escrituras con tal de aferrarse a su tradición dogmática. 

En su Ensayo y Carta sobre la tolerancia, John Locke explicaba que la diferencia entre los fundamentos de donde parten tanto el catolicismo como el cristianismo evangélico hacen que éstas sean religiones muy distintas. "Los papistas y los luteranos, aunque ambos profesen la fe en Cristo y son llamados 'cristianos', no son, sin embargo, de la misma religión; porque éstos últimos no reconocen otra cosa que la Sagrada Escritura como base y regla de su religión, y aquellos toman en cuenta además las tradiciones y decretos de los papas, y ambas cosas hacen la regla de su religión”. Según lo que enseña la Biblia, la doctrina fundamental correcta es que solamente la Palabra de Dios debe ser el punto de partida y fundamento para conocimiento de la vida espiritual humana, y ésta es la única regla de interpretación para dar una aprobación o desaprobación de las tradiciones humanas. Las interpretaciones religiosas y tradiciones humanas que no se conforman a los principios completos de la Biblia deben ser consideradas peligrosas, falsas o engañosas. Pedro reconoció que en porciones de la Biblia, "hay algunas cosas difíciles de entender, que los ignorantes e inestables tuercen--como también tuercen el resto de las Escrituras--para su propia perdición" (2 Pedro 3:15-17), pero ninguna profecía de la Escritura puede ser un asunto de interpretación personal,  sino que es dada por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:20; 2 Pedro 2:1-22). La Biblia dice: "Cuídense de que nadie los haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo" (Colosenses 2:8). Pablo reconoció que cuando una persona como él es más celosa de las tradiciones de los antepasados se está equivocado (Gálatas 1:14). Este era también uno de los errores más grandes de los fariseos religiosos y Jesucristo los confrontó duramente por ello (Marcos 7) afirmando que ellos “Dejando el mandamiento de Dios, se aferran a la tradición de los hombres. También les decía: astutamente violan el mandamiento de Dios para guardar su tradición... invalidando así la palabra de Dios por su tradición, la cual han transmitido, y hacen muchas cosas semejantes a éstas” (Marcos 7:8-9; 13; cf. Mateo 15:1-6). 

jueves, 5 de julio de 2018

26. Las doctrinas de la Ley Canónica y Poder Secular

26. Las doctrinas de la ley canónica y el poder secular:
Históricamente, el catolicismo se ha adjudicado a sí mismo el poder de tener injerencia sobre gobiernos y asuntos seculares porque dice tener el permiso divino de hacerlo. Los Papas no solo se han dado a la tarea de promulgar nuevos dogmas canónicos (nuevas creencias o leyes religiosas obligatorias para todos los creyentes), sino también leyes civiles (nuevos estatutos seculares para todos los que vivan bajo su territorio). 

La justificación del poder secular de la ICAR se basa en el concepto de "constitución apostólica" (constitutio apostolica), el nivel más alto que se le concede al Papa para decretar nuevas leyes dogmáticas. El término proviene del latín "constitutio" y en tiempos del Imperio Romano se refería a cualquier ley emitida por el emperador. La Iglesia Católica Romana tomó el concepto de ley canónica (jus canonicum) como un poder heredado de la ley Romana después de la caída del imperio romano de Occidente y así justificó su adquisición del poder secular. En base a esta idea, los papas gobernaron diversos territorios como jefes de estado, estableciendo leyes seculares para todos los miembros de la sociedad donde ejercieron su poder. Lo hicieron durante la Edad Media, desde el año 752, en territorios italianos, cuando el rey Pipino el Breve le otorgó la ciudad de Roma y sus territorios de alrededor al Papa Esteban II, quien la había reconocido como el rey. Más tarde, la Iglesia Católica adquirió tierras en otros países, que eran llamadas "Patrimonio de San Pedro". Se hizo de un propio ejército. A los diversos territorios que eran gobernados por los líderes católicos se les conocería como “Estados Pontificios”. Allí los Papas ejercieron autoridad civil y la administración de los recursos estatales. 
"Los Estados Pontificios llegaron a abarcar prácticamente todo el centro de Italia, alcanzando su mayor extensión territorial en el siglo XVI. Casi todos los territorios anexionados estuvieron bajo el poder del Papa hasta 1797, cuando las tropas de Napoleón Bonaparte invadieron los territorios y crean la República Romana. El Papa Pío VII recuperó el poder sobre los territorios en 1801 el papa y durante el Congreso de Viena de 1815 se le restituyeron casi todas las posesiones manteniendo la zona bajo vigilancia austriaca. La disolución de los Estados Pontificios tuvo lugar en 1870, tras la unificación italiana bajo la hegemonía de Víctor Manuel II que anexionó los territorios romanos al naciente país".
Tuvieron el poder secular por siglos hasta que diversas revoluciones y reformas del siglo XIX y XX en diversos países fueron relegando el poder de la Iglesia de Roma a asuntos en los que sólo tuvieran injerencia dentro de su propia organización.  

Sin embargo, durante la época del fascismo italiano, en el año de 1929, Benito Mussolini otorgó al Vaticano su cualidad de Estado Independiente por medio de los Pactos de Letrán. A partir de entonces la Ciudad del Vaticano se ha considerado el país más pequeño del mundo y cada Papa en turno ha sido considerado Jefe de Estado con funciones administrativas, con un banco propio donde reciben las donaciones de feligreses de todo el mundo. La sede papal, conocida como la Santa Sede (ubicada en la Catedral de San Pedro en la ciudad del Vaticano) ocupa un lugar preeminente entre las demás sedes católicas episcopales porque constituye el gobierno central del Estado-institución y una entidad política soberana propiamente dicha. Una sección llamada “Oficina de prensa de la Santa Cede” publica un boletín que reporta a la prensa internacional informes sobre asuntos y acciones seculares que realizan.


Jesucristo habló con mucha precisión acerca de la separación entre el gobierno secular del mundo y su Iglesia verdadera. Él enseñó que es necesario "dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios" (Lucas 20:25; Mateo 22:21, Marcos 12:17),lo cual es una exigencia de no mezclar las cosas: el César no tiene jurisdicción ni facultad de decidir sobre lo que es de Dios, y a Dios no le interesa administrar los asuntos del César ni ejercer el poder de un imperio secular. 

Eso fue claro cuando, luego de haber alimentado a una multitud, "Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo" (Juan 6: 14-15). Cristo también lo dejó claro ante a Pilatos, quien preocupado de que Él fuese el "rey" secular del pueblo judío y temiendo que fuera a reclamar su gobierno en lugar de él: "Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí" (Juan 16:36). Jesús no estaba interesado en ser gobernante secular de gente por la fuerza, ni tampoco estaba interesado en discutir sobre las leyes seculares que tendrían que imponerse en un Estado. 

Él también dio instrucciones a sus seguidores de NO ejercer autoridad o poder estatal sobre las naciones: "Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo" (Mateo 20:25; ca. Lucas 22:25). Aquellos que ostentan el derecho de gobernar a los pueblos enseñoréandose de ellos, no están obedeciendo el Evangelio de Jesucristo en este aspecto. 

El apóstol Pablo también enseñó que la verdadera Iglesia de Cristo debe juzgar a los que están dentro de la iglesia pero no le compete juzgar a los de afuera porque Dios mismo los juzgará en el futuro (1 Corintios 5:12; 6:1). Jesucristo mismo se negó a hacer injerencia como juez sobre asuntos seculares entre hombres (Lucas 12:13-14) y Él nos dice que debemos seguir su ejemplo en todo, y no andar como los gentiles. "El que dice que permanece en El, debe andar como El anduvo" (1 Juan 2:6) 

miércoles, 4 de julio de 2018

25. La confesión de pecados ante los sacerdotes


25. La confesión de pecados ante sacerdotes u obispos:

El catolicismo enseña que, para ser perdonados por Dios, los católicos deben ir y confesar los pecados que han cometido ante un sacerdote aprobado por la Iglesia Católica. Esto es creído porque se cree que los obispos tienen facultad de perdonar casi todos los pecados en el nombre de Dios. Según la “penitencia” que decida el sacerdote después de esto (que suele consistir en la repetición de un número de rezos determinados), se les dice que Dios habrá perdonado sus pecados. El Catecismo oficial de la Iglesia Católica lo establece así: “la confesión, que consiste en la acusación de los pecados hecha delante del sacerdote; la satisfacción, es decir, el cumplimiento de ciertos actos de penitencia, que el propio confesor impone al penitente para reparar el daño causado por el pecado” (1450-1460, 1487-1492). 
Hay ciertos pecados considerados más “graves” que, para ser perdonados, el catolicismo dice que debe entregarse una solicitud de perdón por medio de un proceso formal que avise a algún líder de las jerarquías al respecto. Estos, a su vez, dependiendo de la seriedad del asunto o el tipo de pecado, “absolverán” a la persona, o llevarán la petición de perdón a obispos y sacerdotes autorizados de una jerarquía mayor, o al mismo Papa. Este proceso se realiza porque la Iglesia Católica ostente tener el poder de intervenir en el perdón que Dios concede al hombre: el supuesto proceso de “reconciliación” se realiza formalmente por medio de uno de los tres tribunales de “Penitenciaría Apostólica” del Vaticano.

Jesucristo dijo que TODO tipo de pecados puede ser perdonado por Dios, excepto el blasfemar al Espíritu Santo (Mateo 12:31). La Biblia no dice que tengamos que hacer papeleos para reconciliarnos con Dios: “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel para perdonarnos y purificarnos de toda impiedad” (1 Juan 1:9). Jesucristo aseguró de que Él mismo tiene toda la autoridad de perdonar los pecados en la Tierra (Mateo 9:6). 
La confesión de pecados mutua hacia otras personas (según Santiago 5:16) no tiene nada que ver con confesarlo a los líderes católicos: debe entenderse como una confesión hacia las personas que hemos dañado o hecho mal: nunca en la Biblia se dice que sea necesario hacerlo ante un sacerdote para poder ser perdonados. La idea de que eso sea obligatorio es totalmente anti-bíblica. Jesucristo aseguró que los hombres podemos perdonarnos mutuamente nuestras ofensas también (sin la intervención de sacerdotes): Si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros” (Mateo 6:15). En otra parte del Evangelio, dijo a sus seguidores que habían sido llenos del Espíritu Santo: "A quienes perdonen los pecados, éstos les son perdonados; a quienes retengan los pecados, éstos les serán retenidos" (Juan 20:23).

martes, 3 de julio de 2018

24. La Doctrina de Infalibilidad Papal


24. La Doctrina de Infalibilidad Papal: 
La infalibilidad papal, también conocida como "la infalibilidad del Magisterio" es la idea de que el Pontífice Romano o “papa”, no sólo tiene autoridad de ser "Supremo Pastor de la iglesia", sino que también tiene la facultad de "proclamar con acto definitivo una doctrina referente a la fe o a la moral", y "todo fiel debe adherirse a tales enseñanzas". En muchos contextos se cree que si él o el conjunto de obispos que pertenecen al magisterio católico deciden dogmatizar una doctrina distinta o hacer una declaración nueva de fe distinta de la Biblia, éste tendrá que ser aceptada por todos los católicas, porque se dice que no pueden mentir, ni equivocarse y son “infalibles”. Esta doctrina se convirtió en un dogma en el Primer Concilio Ecuménico del Vaticano en el documento titulado "Pastor aeternus" en 1870, cuando, de forma oficial, los obispos y el propio Papa Pío IX se adjudicaron a sí mismos esta postura, que ya se enseñaba en el catolicismo desde la época medieval. En 1950, Pío XII se refirió a la infalibilidad papal diciendo: "Si cualquiera, Dios no lo quiera, se atreviera a negar o cuestionar voluntariamente aquello que nosotros ya definimos, que se sepa que ha caído completamente de la fe divina y católica" (Munificentissimus Deus). En 1964, la doctrina sobre "la institución, perpetuidad, poder y razón de ser del sacro primado del Romano Pontífice y de su magisterio infalible, el santo concilio la propone nuevamente como objeto de fe inconmovible a todos los fieles" (Lumen  Gentium, Cap. 3). También usa como justificación para sostener la doctrina de infalibilidad de la iglesia.

La Biblia dice: “todos se han desviado, a una se han corrompido; no hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno” (Salmos 53:3). También enseña que todo hombre es falible y propicio a hablar falsedad (Romanos 3:4). Cristo mismo, que es el verdadero Pastor Supremo de la iglesia y no ningún hombre, dijo que: “No hay bueno, sino Dios” (Marcos 10:18). Ningún hombre ni concilio de hombres tiene el derecho de determinar lo que es verdad si ésto contradice lo enseñado por Cristo y las Escrituras: “Todo el que se desvía y no permanece en la enseñanza de Cristo, no tiene a Dios; el que permanece en la enseñanza tiene tanto al Padre como al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta enseñanza, no lo recibáis en casa, ni lo saludéis” (2 Juan 1:9). La Biblia también dice: “Maldito el hombre que confía en el hombre” (Jeremías 17:5). El apóstol Pablo indicó que ningún ser humano tendría facultad de declarar ninguna cosa distinta a lo que ya estaba establecido en el Evangelio anunciado por Cristo y en las Escrituras: “hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. 8Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema. Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema” (Gálatas 1:7-9). También advierte: “Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro” (Apocalipsis 22:18,19). Dios desaprueba a quienes se justifican a sí mismos y tienen un mal corazón (Lucas 16:15) y a quienes se creen justos en sus propios ojos (Prov. 26:12). Dios rechaza a quienes se exaltan a sí mismos y advierte a quienes que se hacen pasar por encima de los demás: “Abominación al SEÑOR es todo el que es altivo de corazón; ciertamente no quedará sin castigo” (Proverbios 16:5).

lunes, 2 de julio de 2018

23. El Papa como la Cabeza de la Iglesia


23. El Papa como la Cabeza de la Iglesia:


El Papa como la Cabeza de la Iglesia: La iglesia católica afirma que el Papa es “la Cabeza del cuerpo de obispos” (Catecismo, 936-937), que él "tiene plena, suprema y universal potestad, que puede siempre ejercer libremente" (Lumen Gentium, n. 22), que él "es el principio y fundamento perpetuo [eterno] y visible de unidad, tanto de los Obispos, como de la multitud de los fieles" (n. 23) y que él tiene facultad y derecho de “dar su consentimiento” o aprobar o desaprobar las cosas que hacen o dicen los creyentes. 

La Biblia afirma que JESUCRISTO “es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:16-18). Este título es únicamente asignado a Jesús como Salvador, diversas veces en la Escritura (Efesios 1;22, 5:23, 1 Cor. 11:3), señalando que sólo Él, por medio de su Espíritu, une a los creyentes en la fe como miembros de su cuerpo espiritual (Ef. 1:10, 2:14, 4:3, 4:11-13, Fil. 2:1, Gál. 3:26-28, 1 Cor. 12:12-13). Cristo dijo: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra" (Mat. 28:18). Nadie puede usurpar el lugar que sola y únicamente le pertenece a JESÚS. 

jueves, 5 de abril de 2018

22. El Papa como representante de Cristo


22. El Papa como representante de Cristo: La Iglesia católica afirma que el Papa es “el Vicario de Cristo… y pastor de toda la Iglesia (Catecismo, 936-937). El término “vicario” viene de la palabra latina vicarius, que significa “en lugar de”, implicando que el Pontífice Católico Romano está en la Tierra tomando el lugar de Cristo, con la autoridad de Cristo sobre todo en sus manos para decirle a la gente qué hacer y qué no hacer. De esta forma, los católicos ven al Papa como el sustituto de Cristo en la Tierra o su representante ante el mundo. Durante el Pontificado de Pablo VI, esta doctrina fue promulgada el 21 de noviembre de 1964 por el Concilio del Vaticano II en un documento llamado “Lumen Gentium” (Constitución Dogmática de la Iglesia), donde se señalaba también que cada obispo gobernaría su diócesis cada uno como vicario de Cristo, sometidos a la autoridad del Papa en turno y enseñando a los feligreses a someterse de igual forma al liderazgo del pontífice.


La Biblia muestra que los cristianos líderes que cuidan y ayudan a los creyentes a seguir en el camino de Cristo son llamados pastores, presbíteros, ancianos u obispos (Hch. 11:29-30, 14:23, 15:4, 20:17, 22, 23, 20:17, 28, Fil. 1:1, 1 Tim. 3:1-7, 1 Ped. 5:1-4, Ti. 1:5-9, St. 5:14), pero nunca se ocupa el término “vicario”. La Biblia dice que El SEÑOR, Dios mismo, es nuestro Pastor (Guía) espiritual (Salmo 23), Cristo enseñó que Él mismo es el Pastor supremo de TODOS sus creyentes (Juan 1:1-18), conforme a la profecía Mesiánica (Ez. 34) y que Él es el que tiene toda la autoridad sobre el cielo y en la Tierra (Mat.28:18). La Biblia en ningún momento nos habla de hombres que sustituyan a Jesús o que tomen su lugar. En los Evangelios, Cristo enseñó que el Único que tomaría su lugar en la Tierra sería el propio Espíritu Santo (Juan 14:16-18, 14:26; 16:13, 1 Cor. 2:11-13), el Espíritu de Cristo es el que traería la presencia de Dios y recordaría Sus Palabras o enseñanzas a sus seguidores, habitando en todos los creyentes verdaderos (Rom. 8:9).

martes, 3 de abril de 2018

21. El título Papal de “Santo Padre”


21. El título Papal de “Santo Padre”: En la Iglesia Católica, el Pontífice es llamado “Papa” por los católicos, y los sacerdotes son referidos como “padres”. La palabra Papa proviene del griego “πάππας” (páppas) que precisamente, significa literalmente “Padre”, y es un título que comenzó a ser usado a mediados del siglo III por Dionisio de Alejandría para referirse a Heraclas de Alejandría. Por una mera tradición, hoy en día, el Papa es exaltado por los feligreses católicos, quienes le llaman por el título de "Santo Padre", mismo que se viste de blanco para reflejar “Su Santidad”. Todos estos nombramientos son bien recibidos por el líder de la iglesia católica, a quien también se le llama de esta manera en los medios de comunicación masiva alrededor del mundo. El Catecismo (#10) de la Iglesia Católica usa este título oficialmente para referirse al pontífice.

La Biblia muestra que Jesús prohibió esta práctica porque el Único digno de ser llamado “nuestro Padre” en el sentido espiritual es Dios. Cristo prohibió a sus seguidores asignar a los hombres en el mundo este tipo de títulos honoríficos de jerarquías y otros títulos honoríficos como “Rabí” (maestro o guía espiritual), y enfatizó también: dijo:”No llamen a nadie padre suyo en la tierra, porque Uno es su Padre: el que está en los cielos” (Mateo 23:9). Asignarle el título de “Santo Padre” a un hombre es igualarlo con Dios, porque la Biblia dice que todos los hombres han pecado y SÓLO DIOS ES SANTO en plenitud (Apocalipsis 15:4). 

Cristo enseñó que los líderes religiosos que sólo limpian las cosas por fuera están llenos de mentira y falsedad como si fuesen ‘tumbas blancas’ o “sepulcros blanqueados” (Lucas 11:39); cf. Mateo 23:5,25-27).