jueves, 5 de abril de 2018

22. El Papa como representante de Cristo


22. El Papa como representante de Cristo: La Iglesia católica afirma que el Papa es “el Vicario de Cristo… y pastor de toda la Iglesia (Catecismo, 936-937). El término “vicario” viene de la palabra latina vicarius, que significa “en lugar de”, implicando que el Pontífice Católico Romano está en la Tierra tomando el lugar de Cristo, con la autoridad de Cristo sobre todo en sus manos para decirle a la gente qué hacer y qué no hacer. De esta forma, los católicos ven al Papa como el sustituto de Cristo en la Tierra o su representante ante el mundo. Durante el Pontificado de Pablo VI, esta doctrina fue promulgada el 21 de noviembre de 1964 por el Concilio del Vaticano II en un documento llamado “Lumen Gentium” (Constitución Dogmática de la Iglesia), donde se señalaba también que cada obispo gobernaría su diócesis cada uno como vicario de Cristo, sometidos a la autoridad del Papa en turno y enseñando a los feligreses a someterse de igual forma al liderazgo del pontífice.


La Biblia muestra que los cristianos líderes que cuidan y ayudan a los creyentes a seguir en el camino de Cristo son llamados pastores, presbíteros, ancianos u obispos (Hch. 11:29-30, 14:23, 15:4, 20:17, 22, 23, 20:17, 28, Fil. 1:1, 1 Tim. 3:1-7, 1 Ped. 5:1-4, Ti. 1:5-9, St. 5:14), pero nunca se ocupa el término “vicario”. La Biblia dice que El SEÑOR, Dios mismo, es nuestro Pastor (Guía) espiritual (Salmo 23), Cristo enseñó que Él mismo es el Pastor supremo de TODOS sus creyentes (Juan 1:1-18), conforme a la profecía Mesiánica (Ez. 34) y que Él es el que tiene toda la autoridad sobre el cielo y en la Tierra (Mat.28:18). La Biblia en ningún momento nos habla de hombres que sustituyan a Jesús o que tomen su lugar. En los Evangelios, Cristo enseñó que el Único que tomaría su lugar en la Tierra sería el propio Espíritu Santo (Juan 14:16-18, 14:26; 16:13, 1 Cor. 2:11-13), el Espíritu de Cristo es el que traería la presencia de Dios y recordaría Sus Palabras o enseñanzas a sus seguidores, habitando en todos los creyentes verdaderos (Rom. 8:9).

martes, 3 de abril de 2018

21. El título Papal de “Santo Padre”


21. El título Papal de “Santo Padre”: En la Iglesia Católica, el Pontífice es llamado “Papa” por los católicos, y los sacerdotes son referidos como “padres”. La palabra Papa proviene del griego “πάππας” (páppas) que precisamente, significa literalmente “Padre”, y es un título que comenzó a ser usado a mediados del siglo III por Dionisio de Alejandría para referirse a Heraclas de Alejandría. Por una mera tradición, hoy en día, el Papa es exaltado por los feligreses católicos, quienes le llaman por el título de "Santo Padre", mismo que se viste de blanco para reflejar “Su Santidad”. Todos estos nombramientos son bien recibidos por el líder de la iglesia católica, a quien también se le llama de esta manera en los medios de comunicación masiva alrededor del mundo. El Catecismo (#10) de la Iglesia Católica usa este título oficialmente para referirse al pontífice.

La Biblia muestra que Jesús prohibió esta práctica porque el Único digno de ser llamado “nuestro Padre” en el sentido espiritual es Dios. Cristo prohibió a sus seguidores asignar a los hombres en el mundo este tipo de títulos honoríficos de jerarquías y otros títulos honoríficos como “Rabí” (maestro o guía espiritual), y enfatizó también: dijo:”No llamen a nadie padre suyo en la tierra, porque Uno es su Padre: el que está en los cielos” (Mateo 23:9). Asignarle el título de “Santo Padre” a un hombre es igualarlo con Dios, porque la Biblia dice que todos los hombres han pecado y SÓLO DIOS ES SANTO en plenitud (Apocalipsis 15:4). 

Cristo enseñó que los líderes religiosos que sólo limpian las cosas por fuera están llenos de mentira y falsedad como si fuesen ‘tumbas blancas’ o “sepulcros blanqueados” (Lucas 11:39); cf. Mateo 23:5,25-27). 

martes, 6 de marzo de 2018

20. El valor sacramental de la Iglesia Católica Romana para salvación



20. La doctrina del valor sacramental y salvífico de la Iglesia Católica: 

Como la ICAR afirma haber sido fundada por Jesucristo, dice ser la única Iglesia con verdadera autoridad divina. En su ímpetu por tratar de que todos sigan su doctrina, desde Constantino y Dámaso I se ha definido a sí misma como una iglesia “católica” (lo que quiere decir que tiene injerencia “universal” y la capacidad de intervenir en los gobiernos mundiales y en asuntos humanos y espirituales en todo el mundo).

Se considera a sí misma como “un sacramento” o signo material que afecta a todo el mundo porque Dios se manifiesta a todos los hombres a través de ella (Concilio Vaticano II, Declaración Dogmática Lumen Gentium, nn. 1, 5.). El Concilio Vaticano II estableció: “esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación’ (LG, 14); “La Iglesia es, en este mundo, el sacramento de la salvación, el signo y el instrumento de la comunión con Dios y entre los hombres” (Catecismo #780). Dice ser un “instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. Al considerarse a sí misma un sacramento, dice ser "signo sensible y eficaz de la gracia de Dios mediante la cual se otorga la vida divina; es decir, ofrece al creyente el ser hijos de Dios" , con lo cual se recibe, según ellos, la "promesa y garantía de la protección divina".

El hecho de que el catolicismo enseñe que "los sacramentos son necesarios para la salvación, porque otorgan la gracia sacramental, el perdón de los pecados, la adopción como hijos de Dios, la configuración con Cristo Señor" (Catecismo, #1129), implica que, de acuerdo a la doctrina católica, sólo se puede ser salvo si se pertenece a la Iglesia Católica. El catolicismo enseña: “La afirmación «fuera de la Iglesia [Católica] no hay salvación» [que] significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en ella” (Catecismo #846-848).


Sin importar lo que afirme de sí misma, cuando la Iglesia Católica sólo da testimonio de sí misma como “sacramento” necesario, su testimonio no es verdadero, de acuerdo a lo enseñado por Cristo (Juan 5:31; Lucas 16:15). La iglesia verdadera (el conjunto o cuerpo espiritual de Cristo en el sentido de creyentes) no se puede adjudicar este título porque, en primer lugar, es un conjunto de creyentes salvados. No es bíblico pensar que los salvados son el camino a la salvación; equivaldría a decir que es necesario ser parte de la religión católica para estar bien ante Dios o para participar en la salvación.

La realidad bíblica es que los hombres (ni ninguna religión, institución, denominación o grupo religioso) puede considerarse el camino a Jesús. Jesús es el único camino al cielo. De acuerdo a la Biblia, somos hechos hijos de Dios solamente por el hecho de haber recibido a Jesús y haber creído en Él y en su nombre, solamente por fe (Juan 1:11-13). Para llegar a ser hijos de Dios debemos arrepentirnos de nuestros pecados (confesarlos a Dios y apartarnos de ellos) y recibir el Evangelio de Jesucristo, recibiéndole a Él como el Mesías, el Señor y Salvador. La gracia salvadora que está garantizada al momento de una fe genuina, es la única gracia salvadora a la que la Palabra de Dios nos llama a recibir. Esta gracia es recibida por fe, no por la observancia de rituales ni de membresía o pertenencia a una institución religioso. No hay ningún otro requisito humano aparte del que muestran las Escrituras. La Biblia establece que Jesucristo es el ÚNICO mediador o intermediario entre nosotros y Dios Padre (1 Timoteo 2:5).

La manera de estar más cerca de Dios y en paz con Él no se obtiene meramente por ir a una iglesia ni por hacerse parte de un grupo religioso, sino solamente acercándose a Dios directamente por medio de la oración para que Él se acerque a nosotros (Santiago 4:8). Jesucristo mismo estableció que la única manera de ser salvos y hechos hijos de Dios es siendo guiados por medio de la fe genuina (Gálatas 3:26; Juan 3:18; Romanos 8:14) entrando por la Puerta al Cielo, que es Él mismo (Juan 19:9). NUNCA por medio de los hombres (Juan 10:1-18).

19. La doctrina del Máximo Pontificado del Papado


19. La doctrina del Máximo Pontificado del Papado: El catolicismo sostiene que la persona que ha sido nombrada con el Papado es el Jefe Supremo de la Iglesia la “voz” verdadera del “cristianismo” en el mundo y también la autoridad en toda la Iglesia, sobre la que tiene, por institución divina, la potestad plena [el poder absoluto], suprema, inmediata y universal” (Catecismo, 936-937). De acuerdo a la explicación católica, el termino “Pontífice” proviene de la raíz latina "pons" que significa "puente" y "-fex" que deriva del verbo "facere" que significa "hacer o formar". La idea impuesta por tradición es que el Pontífice “forma un puente” entre la humanidad y Dios y entre todas las naciones. En este sentido, le consideran un “representante” o “vocero” de Dios, con la idea de que todo lo que él habla es lo que Dios enseña y la creencia de que todo lo que él dice es equivalente a lo que Dios dice (Catecismo, 881-882).

Es un hecho histórico que hacia 1476, con la caída del Imperio Romano de Occidente, el Papa Gregorio I (590–604), quien heredó el poder del emperador romano, se apropió del título “Máximo Pontífice”, que antiguamente sólo pertenecía a los emperadores romanos. Desde entonces el título fue usado por los obispos romanos para ejercer poder temporal (jurisdicción sobre el gobierno, no sólo en asuntos eclesiásticos internos, sino también en asuntos seculares de territorios italianos que estuvieron bajo el gobierno del papa desde el año 751 hasta 1870). 

La Biblia dice que el único puente entre Dios y la humanidad es Jesús (1 Timoteo 2:5). El título dado al papa usurpa el lugar que sólo le corresponde al Salvador. Jesús enseñó que no tenemos necesidad de que un hombre nos enseñe sus interpretaciones de Dios, porque el Espíritu Santo es el que nos enseñará a cada uno personalmente (1 Juan 2:20-27). Jesús también enseñó que sus seguidores solamente seguirán su voz y no seguirán la voz de extraños (Juan 10:1-5).

17. La doctrina de la Primacía de Simón Pedro


17. La doctrina de la Primacía de Simón Pedro: La Iglesia Católica enseña que el papel supremo de Pedro por encima de los demás Apóstoles fue dado por Cristo mismo cuando Él le dijo a Pedro: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos” (Mateo 16:18-19).
Los líderes católicos insisten que de esa forma, Pedro adquirió una autoridad superior o jerarquía mayor a la de los demás apóstoles. Esta doctrina, también referida a veces como el “Primado Petrino”, se apoya en la idea de que, después de que se terminó de escribir el libro de los Hechos de los Apóstoles en la Biblia, en algún momento desconocido, Pedro viajó a Roma y se convirtió en Obispo de la principal Iglesia que allí se encontraba, lo que de alguna manera lo convirtió en el primer “Papa” de la historia.
Aunque los historiadores no reconocen estos hechos y los católicos mismos admiten que ese título nunca fue aplicado a Pedro en vida, aún así se les hace pensar a los feligreses que él ejerció una forma de gobierno similar al pontificado católico, el cual consiste en una organización religiosa basada en Roma, donde los hombres son asignados en una estructura de poder con jerarquías eclesiásticas.
El catolicismo enseña que Pedro ejerció su autoridad sobre los demás obispos por más de treinta años hasta que la persecución perpetuada por el Imperio de Nerón destruyó la ciudad con el Gran incendio de Roma (ca. 64). Según el libro apócrifo "Hechos de Pedro" (siglo II), primer documento histórico que contiene esta versión, Pedro fue crucificado de cabeza. Se dice que esto fue a propia petición, porque se consideraba indigno de morir como Su salvador.
Los católicos indican que estos eventos sucedieron en el mismo lugar donde hoy en día se encuentra la Basílica de San Pedro en el Vaticano (la cual, fue construida sobre un cementerio pagano que algunos líderes católicos dicen contiene la tumba de Pedro y sus restos humanos, ocultos al público por disposición oficial).
Como registro histórico de la doctrina de Primacía de Pedro, los católicos señalan la apócrifa Epístola a los Romanos (ca. 105-110 d.C.) escrita por Ignacio de Antioquía, en donde se hace alusión al liderazgo de Pedro y Pablo como líderes de los creyentes que dieron mandatos a las iglesias de Roma (aunque ambos se mencionan a un mismo nivel de importancia).
Fue Juan Crisóstomo (ca. 349-407), patriarca de Constantinopla, a quien se le atribuyen las primeras referencias a Pedro como "la Roca" o “la Piedra” en sentido de líder supremo de la Iglesia. Crisóstomo escribió que Pedro era “la boca de todos los apóstoles, la cabeza de esa tribu, el gobernante de todo el mundo, el fundamento de la Iglesia”.
Esta doctrina fue ratificada como una creencia indiscutible y dogmática para los católicos en el Primer Concilio Vaticano (1869–70). El Catecismo de la Iglesia (#552) también enseña que Pedro ha sido y siempre seguirá siendo "la inquebrantable roca de la Iglesia".


En la Biblia, cuando Cristo dijo sobre esta piedra edificaré mi iglesia”, Él acababa de preguntar a sus discípulos: “ Vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:15-16). El contexto indica que el fundamento de fe se refiere a la confesión de fe que Pedro acababa de hacer: “Cristo es el Mesías, el Hijo de Dios” es la base fundamental que une a los creyentes de la Iglesia espiritual de Cristo. El mismo contexto muestra que no es posible que la persona de Pedro sea considerada la piedra, porque justo después, Pedro trató de evitar que Cristo fuera a la cruz, y Cristo, “volviéndose Él, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo; porque no estás pensando en las cosas de Dios, sino en las de los hombres(Mateo 16:23); además, de que Pedro mismo negó tres veces a Jesús durante su arresto. La Biblia muestra que, luego de arrepentirse, Pedro fue un líder principal en la Iglesia de Jerusalén y su papel era predicar el Evangelio en el pueblo (Hechos 2:14-15; 2:3-38; 10; 11). Hechos también indica que éste liderazgo era compartido al mismo nivel junto a Bernabé, Pablo, Jacobo, Judas, Barsabas, Silas, y otros discípulos, ancianos y hermanos en comunión fraternal (Hechos 1:12-14; 2:37-42; 15:6)Los cristianos del primer siglo no tenían jerarquías de autoridad; el liderazgo de los obispos, pastores o ancianos era una función igual de importante en todos, NO una posición de superioridad sobre nadie, porque “todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común; vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:44-45). La enseñanza de Cristotodo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” no fue dada exclusivamente a Pedro, sino a todos sus discípulos (Mateo 18:18). Pedro nunca reclamó una posición de autoridad por encima de los otros apóstoles y en ninguna parte de sus escritos (1a y 2a de Pedro) se halla mención alguna a esto porque Cristo mismo había dejado claro a sus doce discípulos que Su iglesia no tendría jerarquías de autoridad: se suscitó también entre ellos un altercado, sobre cuál de ellos debería ser considerado como el mayor. Y Jesús les dijo: Los reyes de los gentiles se enseñorean de ellos; y los que tienen autoridad sobre ellos son llamados bienhechores. 26 Pero NO es así con vosotros; antes, el mayor entre vosotros hágase como el menor, y el que dirige como el que sirve(Lucas 22:25-26); “los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros NO ha de ser así (Mateo 20:25-28; cf. 18.1-5, Mr. 9:33-37; Lc. 9.46-48). La Biblia enseña que Dios solamente es la roca y la salvación” (Salmos 62:1-2, 6-8). Por ello, el Mesías es la ÚNICA roca espiritual: “cada uno tenga cuidado cómo edifica encima. Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo (1 Corintios 3:11). Quienes son hechos parte de la familia de Dios, son “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas [la fe en el Mesías Cristo], siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, 21en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor (Efesios 2:19-21). Los profetas habían hablado del Mesías como piedra angular de la Iglesia (Salmos 118:22, Isaías 28:16-17, Daniel 2:34-35; 2:44-45), Jesucristo se adjudicó a sí mismo esta profecía (Mateo 21:44; Lucas 20:18), Pablo lo reafirmó (Romanos 9:33) y Pedro mismo se refirió a Jesucristo como la Piedra (Hechos 4:10-12; 1 Pedro 2:6).

18. La Sucesión Apostólica como justificación de la Primacía Papal


18. La Sucesión Apostólica como justificación de la Primacía Papal: 

El Vaticano sostiene que, si Pedro tenía una jerarquía de autoridad por encima de todos los demás apóstoles, y si en verdad tenía una posición de poder mayor que todos los obispos de la época, después de su muerte, los líderes obispos de Roma que tomaron su lugar en esa Iglesia, también retuvieron el mismo poder o “heredaron” esa misma importancia eclesiástica y preeminencia. A esta doctrina católica se le conoce como la Sucesión Apostólica y ha sido la justificación por la cuál los líderes de la Iglesia de Roma han ejercido su autoridad sobre las Iglesia Católica durante los que siglos siguientes hasta la fecha. La doctrina de Supremacía de Pedro fue fundamental para justificar la Primacía Papal en base a la idea de Sucesión Apostólica. Estas ideas fueron defendidas por Ignacio de Antioquía (quien dijo que “deberíamos ver al obispo como si viéramos al mismísimo Señor”); Ireneo de Lyon (quien enseñó que si habían disputas locales sobre la legitimidad de una Iglesia, la Iglesia de Roma debía decidir cuál era la dominante), y otros obispos de Roma como Calixto I (ca. 217-222), Cornelio (ca. 251-253), y Esteban I (ca. 254-257). La Primera Epístola de Clemente (escrito apócrifo atribuido a Clemente I, considerado uno de los primeros Papas). 

En los siglos III y V, los Papas, cardenales y obispos católicos eran designados por los emperadores romanos, mismos que convocaban los concilios; sin embargo, con la caída del imperio de Occidente, comenzaron a ser elegidos por los reyes seculares. Debido al desacuerdo entre los mismos y las guerras de la época, distintos gobernantes comenzaron a hacer nombramientos simultáneos y hubieron papas que se disputaron la legitimidad. Tratando de evitar esto, el Papa Símaco, instituyó la práctica de que los papas nombraran a sus propios sucesores, pero esta medida pasó mucho tiempo sin practicarse. Desde el siglo III y a lo largo de la Edad Media, muchos obispos internos (inconformes con que los Pontífices electos como Obispos de Roma ejercieran decisiones arbitrarias sobre de ellos), comenzaron a cuestionar la veracidad de sus propias autoridades Papales, lo cual ocasionó divisiones tempranas. En 1054 se produjo una gran división llamada “el Gran Cisma de Oriente y Occidente" en la cual dos Papas en turno se excomulgaron mutuamente y muchos patriarcas se la Iglesia Católica (Romana de Occidente) se separaron para formar la Iglesia Ortodoxa (Griega de Oriente), que ganó muchos adeptos en Europa Oriental a través del Imperio Bizantino y actualmente subsiste con su propio Patriarca en Rusia. 

Entre el siglo XIV y XV, otra gran división conocida como “el Gran Cisma de Occidente” (1378-1417) ocasionó que hubieran tres obispos declarados como papas disputándose simultáneamente el título de Papa en Roma, Aviñon (Francia) y Pisa, Italia (cada uno con sus propios seguidores en distintas partes de Europa y sectores de la Iglesia). Una vez restituido el orden, la doctrina de Sucesión Apostólica fue defendida citando los escritos de Ireneo, Cipriano, San Agustín, y los Papas Inocencio I, Leo I, Gregorio VII que también la defendían. Este principio fue ratificado en el Edicto de Milán, el Concilio de Nicea, el Primer Concilio de Constantinopla y el Concilio de Éfeso. Hoy en día, la ICAR define al Papa como el Obispo de Roma y la persona que cumple la posición máxima sobre toda la Iglesia, donde él es descrito como “el Obispo de Roma, el sucesor de Pedro y la fuente visible y perpetua y fundamento de la unidad tanto de los obispos como de todos los fieles” (Catecismo; Segundo Concilio Vaticano, Lumen gentium). Cuando se dice “perpetuo”, se enseña que esta posición de poder eclesiástico durará para siempre en la Iglesia Católica Romana. 

El primero en hacer una lista de supuestos sucesores de Pedro fue el obispo romano Ireneo. Hoy en día la lista oficial de los Pontífices católicos es actualizada anualmente en el Anuario Pontificio bajo el documento títulado “I Sommi Pontefici Romani” (Los Supremos Pontífices de Roma). Esta lista es publicada por la Curia Romana (conjunto de organismos e instituciones de la Santa Sede) y a la fecha ha realizado casi 200 correcciones a las biografías existentes de los Pontífices romanos; no establece números consecutivos a la lista de los papas, pues reconoce algunos casos en que no es posible identificar al Papa legítimo. Considera como uno de sus símbolos más importantes el “Símbolo niceno-constantinopolitano” que es fruto de los Concilios Ecuménicos de Nicea (325) y del Concilio de Constantinopla (381) precedidos por el Emperador Constantino (que según la leyenda, se convirtió al catolicismo al ser bautizado por el sacerdote ario Eusebio de Nicomedia en su lecho de muerte). 

En la Biblia, ni Pedro ni ningún otro apóstol sugirió que su autoridad apostólica sería pasada o heredara a sucesores, pues fue Cristo mismo el que eligió a los doce apóstoles (Mateo 10:1-15. Marcos 3:13-19. Lucas 6:12-16). Para elegir a Matías, sustituto de Judas Iscarionte, los once Apóstoles se reunieron unánimes y echaron las suertes, orando para que Dios la hiciera caer sobre aquél que quería como apóstol (Hechos 1:12-26). El apóstol Pablo fue elegido por revelación de Cristo mismo cuando iba de camino a Damasco (Hechos 9:1-19; 26:4-23) y más tarde en sus epístolas él se consideró a sí mismo un “abortivo” o añadido y el último de todos los apóstoles: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; que se apareció a Cefas [Pedro] y después a los doce; luego se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen; después se apareció a Jacobo, luego a todos los apóstoles, y al último de todos, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí. Porque yo soy el más insignificante de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, pues perseguí a la iglesia de Dios. 10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana” (1 Corintios 15:8-10). Pablo también advirtió que después de él vendrían líderes impostores (Hechos 20:29-30) por lo cual debíamos recordar que Cristo mismo ya había establecido directamente a sus apóstoles (Efesios 4:11-15). Pablo también dijo que debíamos tener cuidado “si alguien viene y predica a otro Jesús, a quien no hemos predicado, o recibís un espíritu diferente, que no habéis recibido, o aceptáis un evangelio distinto” (2 Corintios 11:4). 

Diciendo que no quería dar lugar a que otros se consideraran apóstoles como los doce discípulos y él, prosiguió diciendo: “En verdad pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandiosos apóstoles… lo que hago continuaré haciéndolo, a fin de privar de oportunidad a aquellos que desean una oportunidad de ser considerados iguales a nosotros en aquello en que se glorían. Porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz. Por tanto, no es de sorprender que sus servidores también se disfracen como servidores de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras“ (2 Corintios 11:12-15). Pedro mismo también profetizó: “habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras,... por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 Pedro 2:1-3).

La documentación histórica registra que la Iglesia Católica Romana nació como producto de una de las muchas iglesias que se encontraban en Roma en tiempos del gobernado pagano Constantino I “el Grande” emperador romano (306-337). Después de dos siglos de violenta persecución contra los primeros cristianos, Constantino reconoció que su imperio se encontraba gravemente dividido en fracciones y trató de conciliar la religión romana y las tradiciones paganas con algunas ideas del cristianismo. En el año 313 d.C., junto al emperador Licinio, emitió un decreto oficial llamado Edicto de Milán, donde informó que la difusión del cristianismo sería tolerada (dejarían de ser perseguidos) y la autoridad de los obispos y líderes religiosos que se encontraban en Roma sería reconocida. Constantinó convocó al Primer Concilio de Nicea (325d.C.) reunión ecuménica a la que invitó a todos los obispos del Imperio. Con sólo un tercio de los asistentes invitados presentes, Constantino acordó con ellos cerca de veinte “canons” o “nuevas leyes inmutables” de la religión aprobada por el Emperador. Una de estas reglas establecía que el Obispo de Roma se convertía en el líder “primus” (primero) por sobre todos los demás líderes religiosos. Esto originó desacuerdos y rencillas entre religiosos y obispos romanos que se desconocían mutuamente y se proclamaban obispos de Roma en diversas ciudades como Italia, Antioquía, Constantinopla, Alejandría y Jerusalén. Las divisiones terminaron un obispo llamado Dámaso I (ca. 304) fue favorecido por Constantino como el verdadero Obispo de la Iglesia Romana). Entre el año 324 y 330, Constantino ordenó la construcción de la ciudad de Constantinopla como nueva capital del imperio y construyó nuevas iglesias católico-romanas. Hizo al Palacio de Letrán la primera residencia papal para el Obispo de Roma, y comenzó la construcción de la Antigua Basílica de San Pedro que fue llamada "la Basílica Constantina". Aliado y ayudado por la autoridad civil, Dámaso teorizó acerca de la supremacía de la Iglesia de Roma sobre las demás iglesias y se adjudicó a sí mismo la línea de sucesión apostólica de Pedro, tachó a sus rivales de herejes o falsos obispos, fue el primero en la historia en ser llamado “Papa” y el primero en ser reconocido por un Jefe de Estado como el líder legítimo del “cristianismo” (catolicismo). Desde el s. XIV los líderes que trataron de usurpar el obispado de Roma sin consentimiento del obispo en función fueron llamados “antipapas” y catalogados como usurpadores.

16. La exigencia de los dogmas marianos como requisitos de la fe


16. La exigencia de los dogmas marianos como requisitos de la fe: Hoy en día, la ICAR requiere o exige que los cuatro dogmas marianos oficiales (la doctrina Madre de Dios, la Virginidad Perpetua, la Inmaculada Concepción y la Asunción de María) formen parte del fundamento de fe tanto de todo el laicado (los feligreses católicos) como de todo el clero católico (los líderes eclesiásticos). Las confesión de otras doctrinas marianas no se considera obligatoria para ser considerado miembro oficial de la Iglesia, pero de todas formas se enseñan en el Catecismo y se promueven en la vida religiosa de los países católicos alrededor del mundo.

En el Nuevo Testamento se advierte: “No os dejéis llevar por doctrinas diversas y extrañas” (Hebreos 13:9).“Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también vosotros fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos… ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error” (Efesios 4:4-6, 14). La Biblia advierte que quienes añadas doctrinas distintas al mensaje de Dios serán castigados duramente por Dios mismo (Deuteronomio 4:1-2, Proverbios 30:5-6, Apocalipsis 22:18-1)